
Romería Y Fiestas De Santa Lucía
Esta romería de septiembre en tierra castellana tiene un encanto hondo, antiguo, singular y pintoresco, porque, en ella, se mezcla historia y tradición. Tiene un aroma a peña y a prado, siendo una de las más apetecibles y concurridas de nuestro país y, por descontado, de la provincia de Burgos.
La devoción a Santa Lucía en este lugar se remonta al menos al siglo XVII, cuando hay constancia escrita de una cofradía en su honor. Cuenta la leyenda que la imagen de la Santa apareció en la peña cercana a la ermita actual, la cual ha tenido distintas ampliaciones y obras de consolidación a través de los años ante las necesidades originadas por el aumento de romeros.
La festividad eclesiástica de Santa Lucia es el 13 de diciembre, día que actualmente los vecinos del pueblo veneran a su patrona de manera sencilla. Fue en el año 1782 cuando, debido a una gran nevada, solo pudieron acudir algunos romeros; por esto, los vecinos decidieron trasladar la romería al domingo anterior a San Mateo, que es 21 de septiembre; por esta razón, la romería tiene una fecha que oscila entre el tercer y segundo domingo de septiembre, tiempo en que ya estaban terminadas las tareas agrícolas facilitando así la afluencia de visitantes.
Los romeros acudían y acuden actualmente con los medios de locomoción acordes a cada tiempo. Antes, andando, a caballo, en burro o en carros tirados por vacas. También en tren. Hay constancia de que la Renfe ampliaba el número de viajes desde Burgos en los años cuarenta del siglo pasado. En años posteriores, acudían muchos en autobús desde las provincias limítrofes.
A principios del siglo pasado, los devotos acudían el sábado y pernoctaban en los prados limítrofes disfrutando de una convivencia alegre y de exquisitas viandas como los asados de cordero, que se preparaban en los cocederos que había en los alrededores de la ermita.
Desde antaño, también acorde con la demanda de la época, se realiza un gran mercado con venta de diversos productos: café, golosinas, almendras garrapiñadas, mantas, sacos, talegas, alforjas, albarcas, ropa, pañuelos para pasarlos por el manto de la Santa y velas. También, cacharros y cestería de utilidad doméstica: cestas, cantaros, botijos, cazuelas, pucheros etc…. Contaba, además, con materiales de herrería como trébedes, romanas y cencerros entre otros útiles para el desarrollo de las actividades del día a día, no faltando verduras y frutas de temporada.
Se despachaban, además, curiosas transacciones al uso o moda del momento como, por ejemplo, fotógrafos con decorado de caballito de madera o la compra de coplas que recitaba al son de un violín alguna juglaresa que algunos aún recuerdan.
En la actualidad, se mantiene la afluencia de romeros y el tipismo tradicional. Se dice que en el año 1976 acudieron unas 25.000 personas. En 1991, acuden unas 7.000, y este mismo número de devotos asistentes se constata en 2007.
Este mercado se desarrolla actualmente con los cambios propios de este tiempo. Ahora hay vendedores de Marruecos, Senegal o Ecuador dando al evento un aspecto cosmopolita. En 2005, hubo más de cien puestos, y el año pasado hubo 117, en los que se puede adquirir ropa, juguetes, cuero, alimentación con productos de la Mancha, Andalucía o Navarra. Como es lógico, no faltan los puestos de restauración y bebidas.
Hoy en día la fiesta comienza el viernes con el volteo de campanas y posterior pregón de fiestas, siguiendo con la animación de la orquesta. Los jóvenes, que aguantan toda la noche, siguen en la mañana siguiente acompañados de los dulzaineros con la ronda de dianas. Van de casa en casa, espabilando a los vecinos con una tonadilla de dulzaina seguida del enunciado “A la salud de fulanito en compañía de su familia”; a lo que el grupo responde: ¡viva!, a la par que recogen una propina o algún tentempié muy necesario a estas horas de esforzado disfrute.
El sábado es día de fiesta grande con actividades infantiles y deportivas que organiza el ayuntamiento. Por la noche, la orquesta atrae a muchos de las localidades cercanas a la plaza del pueblo, donde la algarabía de asistentes y los grupos de las peñas deja sin dormir no solo a los que bailan, sino también a los que se han recogido en sus casas.
La romería se desarrolla el domingo entorno a la ermita con toda la animación de mercantes y devotos con celebraciones de misa a distintas horas. A las 12 horas tiene lugar una ofrenda floral muy colorista que va desde la plaza del ayuntamiento hasta la ermita en la que, junto a las autoridades, se convocan muchas personas vestidas con el traje regional, acompañadas de los dulzaineros y grupo de danzas. Al mediodía, la procesión de la Santa de los bellos ojos es un acto principal con un recorrido que da la vuelta a la roca. La imagen es llevada a hombros por los devotos y, al son de las dulzainas, es honrada bailándola de espaldas al recorrido, siempre mirando a la virgen, por nuestro grupo de danzas, que deleita también a los romeros con su buen hacer, en especial cuando bailan la ‘Jota de Hacinas’.
Todo el día en la era y prado se disfruta de buena música tradicional y buenos refrigerios. Ya por la tarde, en la era, tiene lugar el animado baile hasta el anochecer, donde la alegría de los congregados se contagia. Allí se puede escuchar “porque llevo viniendo toda la vida”. Tanto es así, que este evento es considerado el broche final de la estación estival de toda la comarca.
La fiesta sigue a nivel más local el lunes, comenzando también con dianas y con el traslado en procesión de la Santa a la Iglesia. Este día, ya con el cuerpo cansado, aflora intensamente la afectividad ante el final y comienza un dulce recuerdo en espera de un año para volver.
Si quiere disfrutar de todo lo narrado, no deje de acudir a esta romería, donde encontrará un bello paisaje salpicado de piedras y peñascos que seguro no le dejarán de piedra. Será acogido con cordial cariño y, además, la Santa le conservará sana la vista.






